El 26 de enero de 2026 el Instituto Teológico Compostelano acogió la conferencia “Salud mental y espiritualidad–religiosidad: el sentido de la vida ante la vulnerabilidad”, impartida por Cristina Pou Matarranz, psiquiatra y jefa del Servicio de Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Barcelona. El encuentro fue organizado por las Delegaciones para el Desarrollo Humano Integral y de Pastoral Familiar.
La ponencia abordó la relación entre espiritualidad, religiosidad y salud mental desde una perspectiva clínica, científica y humanista, ofreciendo claves concretas para el acompañamiento espiritual de personas con enfermedad mental.
Partiendo de un concepto de espiritualidad alineado con el de la Organización Mundial de la Salud, entendida como un “motor que ayuda a trascender el sufrimiento”, la ponente destacó que la literatura científica respalda los efectos positivos de una vida espiritual sana en la salud mental de la persona, concebida como un ser bio-psico-social-espiritual. Subrayó, asimismo, que la religiosidad —como forma concreta de vivir la espiritualidad, especialmente en su dimensión comunitaria— puede contribuir de manera significativa al bienestar del paciente.
Diversos estudios muestran que las personas con dimensiones espirituales o religiosas más desarrolladas presentan menores tasas de depresión, una mayor calidad de vida percibida y menos tentativas autolíticas y suicidios consumados. Además, la espiritualidad y la religión pueden favorecer la aceptación de la enfermedad, mejorar la adherencia al tratamiento y facilitar procesos de desintoxicación de sustancias.
La Dra. Pou alertó también sobre el denominado “sufrimiento espiritual”, que puede manifestarse en forma de culpabilidad, desconfianza, desesperanza o crisis de fe, así como sobre el riesgo de búsquedas de sentido en contextos de especial vulnerabilidad que pueden derivar en abusos o malas prácticas.
Entre las recomendaciones prácticas dirigidas a profesionales y agentes de pastoral, destacó la necesidad de:
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- Mantener una actitud abierta y respetuosa, escuchando con interés las creencias de la persona.
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- Fomentar una mente abierta, colaborando con referentes religiosos o espirituales significativos para el paciente y, cuando sea posible, adaptando los tratamientos.
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- Identificar el estrés espiritual, reconociendo creencias que puedan estar generando sufrimiento.
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- Promover un enfoque integral que combine recursos médicos, psicológicos y espirituales.
Asimismo, señaló prácticas que deben evitarse:
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- Imponer creencias.
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- Invalidar el sufrimiento espiritual.
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- Evitar el tema por incomodidad.
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- Confundir síntomas clínicos con experiencias espirituales.
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- Emitir juicios morales.
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- Forzar prácticas religiosas.
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- Prometer curaciones sin base científica.
La conferencia contribuyó a desmontar diversos mitos: hablar de espiritualidad no fomenta el delirio místico; la fe no es un salvoconducto frente a la depresión; el malestar espiritual no constituye un síntoma clínico, sino una dimensión que requiere un acompañamiento específico; e intervenir en el ámbito espiritual no equivale a hacer proselitismo, sino a emplear un lenguaje complementario al médico.
La ponente insistió en que la persona no es un diagnóstico y que, en ocasiones, acompañar implica saber sostener la duda y el silencio, evitando respuestas rápidas que pueden resultar invalidantes. Integrar la espiritualidad en la atención a la salud mental no es un añadido opcional, sino una forma rigurosa y profundamente humana de cuidar mejor.
A modo de conclusión, subrayó que la atención espiritual en salud mental consiste en acompañar a la persona en su búsqueda de sentido, respetando su libertad de creencias y ayudándola a encontrar paz y esperanza en medio de la vulnerabilidad que conlleva el trastorno mental. Transmitir un cuidado integral fortalece la confianza y favorece una atención verdaderamente humana y personalizada.






