Un camino hacia el cuidado de la Casa Común: «Volved a mí con todo
vuestro corazón» (Joel 2,12).
Hay tiempos en la vida de la Iglesia en los que una llamada se vuelve
tan insistente que ya no cabe aplazarla. En nuestra Archidiócesis de Santiago
de Compostela queremos aprovechar la Pascua, tiempo litúrgico de
Resurrección y retorno al Amor de Cristo, para poner en marcha una serie de
iniciativas por parte de la Comisión de Ecología Integral dentro de la
Delegación de Desarrollo Humano Integral: proyectos de sostenibilidad y
eficiencia energética, pasos humildes y decididos en el camino hacia una
relación más justa con la Creación.
No es casual que este arranque se sitúe en la Pascua. La Pascua es el
tiempo en que la Creación entera participa de la alegría de la Resurrección: la
primavera que florece en nuestros campos gallegos es signo visible de esa vida
nueva que Cristo ofrece. Y si la naturaleza resucita cada año con una fuerza
que nos sobrepasa, nosotros estamos llamados a acompañar ese renacimiento
con gestos concretos de cuidado y gratitud. Como nos recuerda el Papa León
XIV, necesitamos pasar de los discursos ambientalistas a una conversión
ecológica que transforme los estilos de vida personales y comunitarios, porque
no podemos llamarnos discípulos de Jesucristo sin participar en su mirada
sobre la Creación y en su cuidado de lo frágil y herido.
Nuestro norte: Laudato Si’ y la Ecología Integral
En 2015, el Papa Francisco hizo pública la encíclica Laudato si’, que
articuló de manera magistral lo que la tradición cristiana siempre supo pero que
la modernidad había oscurecido: Dios está en todas las cosas, todo está
conectado. El daño a la tierra es daño al prójimo. La Creación no es un
depósito del que extraer sin límite, sino un don recibido en custodia.
En 2023, Laudate Deum añadió urgencia a esa visión. Hoy, casi un año
después de la partida del Papa Francisco a la Casa del Padre, el Papa León
XIV ha asumido con determinación ese legado: la ecología integral —entendida
como cuidado inseparable de la Casa Común y de los más desfavorecidos—
ocupa un lugar central en su pontificado, desde la inauguración del Borgo
Laudato si’ en Castel Gandolfo hasta la promulgación de la primera Misa por el
Cuidado de la Creación.
Y los obispos españoles nos han recordado repetidamente que practicar
una ecología integral exige asumir responsabilidades personales y
comunitarias, porque el gran crecimiento tecnológico de las últimas décadas no ha ido acompañado de un desarrollo equivalente en valores, responsabilidad y
conciencia.
La ecología integral no es ecologismo con ropaje eclesiástico. Es
algo mucho más profundo y mucho más exigente. Es la convicción de que la
relación del ser humano con la naturaleza, con sus semejantes y con Dios
forman un único tejido. Cuando uno de esos hilos se rompe, todo el tejido se
deshilacha. Cuando contemplamos el cosmos sin referencia al Creador ni
atención a las necesidades de nuestros hermanos, la Creación se reduce a un
objeto de explotación. Y esa reducción, nos dice la fe, es un pecado —quizá el
pecado característico de nuestro tiempo.
Compostelanos y en camino
En el reciente Seminario de Ecología Integral organizado por la
Conferencia Episcopal Española y la Fundación Pablo VI, dedicado al Camino
de Santiago como itinerario cultural, natural y espiritual para la construcción de
Europa, nuestro arzobispo, Monseñor Francisco José Prieto Fernández, nos
recordó que «la peregrinación es símbolo y, a la vez, realización del hombre
que camina bajo el signo de la esperanza y, por eso, se pone en pie y se pone
en camino para encontrarse con un horizonte de plenitud».
Y aquí es donde entra nuestra Archidiócesis. Santiago de Compostela
no es cualquier sede: es la meta de un Camino que cada año recorren cientos
de miles de peregrinos de todo el mundo. El peregrino ya sabe, aunque no
siempre lo formule así, lo que es la ecología integral: camina con su
cuerpo, atraviesa la naturaleza, depende de la hospitalidad del
desconocido, se despoja de lo superfluo, aprende a vivir con lo necesario.
El Camino de Santiago es, en sí mismo, una escuela de relación sobria y
agradecida con la Creación. Nuestra misión es hacer explícito lo que el Camino
ya enseña, y extenderlo más allá de la ruta: a cada parroquia, cada colegio,
cada familia de nuestras comunidades a lo largo y ancho de la archidiócesis.
Nuestra tierra gallega, además, nos interpela con especial fuerza. Un
tercio del territorio de la Archidiócesis es forestal. Los incendios que cada
verano azotan Galicia no son una catástrofe lejana: arrasan parroquias
concretas, comunidades concretas, rostros conocidos. Cuando arde un monte,
arde también parte de nuestra Casa Común. Cuidar de esos bosques, de esa
agua, de esa biodiversidad atlántica en el contexto de la transición energética
no es una opción pastoral más: es una obligación que brota directamente de
nuestra fe.
Una invitación abierta
La Comisión de Ecología Integral no pretende ser una estructura más.
Es un espacio de encuentro, reflexión y acción para todos —religiosos y laicos,
jóvenes y mayores, parroquias urbanas y rurales— que sientan la llamada a
cuidar de la Casa Común.
Trabajaremos en líneas concretas que iremos compartiendo en las
próximas semanas: espacios verdes, proyectos de reciclaje comunitario,
formación e iniciativas culturales que conectan fe, naturaleza y territorio.
Comenzamos en Pascua porque la conversión ecológica es, ante todo,
conversión del corazón —y la Pascua es precisamente el tiempo en que el
corazón se renueva—. Emprendemos aquí un camino largo y ambicioso, como
el propio Camino de Santiago, en que lo importante no es la velocidad sino la
dirección.
Os invitamos a caminar con nosotros. Porque la Creación es prójimo y
es presencia de Dios. Cuidarla no es una moda ni una concesión al espíritu de
los tiempos: es un acto de fe.
Laudato si’, oh mi’ Signore.






