La migración conlleva muchas pérdidas, sin embargo, no es frecuente analizarla desde una perspectiva centrada en la persona y esas pérdidas que conlleva dejar atrás el país de nacimiento para afincarse en otro; una perspectiva que debe ser la propia de la pastoral con personas migrantes.
Hablar de pérdida es hablar de duelo. Es algo a lo que estamos habituados sobre todo ante la muerte de un ser querido (véase Centro de Escucha San Camilo) pero no tanto en el caso de la pérdida de vínculos con la tierra, la cultura, el idioma y las gentes que nos vieron crecer.
Podemos hacerlo a través del concepto de duelo migratorio, cada vez más frecuente en el ámbito de la atención psicosocial a personas migrantes.
Concepto de duelo
Podríamos definir el duelo (del latín dolus; dolor, lástima, aflicción) como “la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo” (Pereira, 2002).
Freud, en su ensayo sobre “la aflicción y la melancolía”, contrapone el duelo —al que describe como un “pasar normal”— a la melancolía, entendida como una reacción patológica ante la pérdida. Según su planteamiento, el duelo cumple la función de liberar la energía afectiva puesta en el objeto perdido (en el caso del duelo migratorio, el lugar de origen) para poder reinvertirla en nuevos vínculos. Entre los rasgos que atribuye a este proceso están el decaimiento profundo, la pérdida de interés por el entorno y cierta inhibición de la actividad.
Cómo abordar los duelos
La humanidad lleva elaborando duelos desde el principio de los tiempos y las religiones han jugado siempre un papel fundamental en estos procesos, tanto en el ámbito más personal como en el público.
Es frecuente que las personas migrantes idealicen el país de origen. Esto puede ser positivo, pero también puede sobredimensionarse y llevar al cultivo de “una forma errónea de nostalgia como refugio y resistencia protectora frente a las agresiones del nuevo medio. No se trata de una conservación de las raíces, sino que el nostálgico retrasa la reestructuración de su nueva vida tanto más cuanto más prolonga sus duelos (duelo crónico)” (González Calvo, 2005).
Desde una perspectiva psicológica actual, integrar las pérdidas migratorias exige un trabajo de reorganización interna que no se completa por el simple hecho de alcanzar una situación legal y laboral estable; el proceso va más allá de ese logro. Cuando el entorno de acogida resulta favorable —trabajo, integración social— la persona logra contrarrestar la añoranza con lo conseguido, lo que facilita la reestructuración vital y refuerza su sensación de control sobre su propio destino. Por el contrario, cuando persisten la incertidumbre y la inseguridad, la nostalgia puede intensificarse y frenar el asentamiento en el nuevo país (González Calvo, 2005).
Advertencias
No se trata de olvidar: para ningún duelo es recomendable el olvido; se trata de encontrar un equilibrio entre la asimilación de lo nuevo y la reubicación de lo dejado atrás.
Es un proceso, no un estado: por tanto, es dinámico, un proceso de elaboración, de reintegración. Podemos observar distintas etapas, entre las que cabría destacar las descritas por Kübler-Ross: negación, rabia, negociación, depresión y aceptación. Eso sí, el tránsito entre estas fases rara vez es lineal, sino que hay movimientos hacia adelante y hacia atrás.
Es íntimo, pero a la vez público: afecta en el día a día, a las dinámicas familiares y en el ámbito social y laboral.
Cada persona lo vive de manera distinta: influyen los recursos personales de cada cual, las redes sociales de apoyo, el nivel de integración social, las condiciones de vida y las condiciones dejadas atrás.
Conclusiones y propuestas de pastoral
Podemos concluir destacando que, de cara a la integración y adaptación del inmigrante en el país de acogida, es generalmente aceptado hoy día que este debe llevar a cabo adecuadamente el proceso de duelo migratorio.
El trabajo de pastoral puede contribuir enormemente a que el duelo migratorio sea “un pasar normal”, fomentando el proceso de reintegración que es necesario para ello. Esto requiere, al menos:
- Que los agentes de pastoral conozcan los aspectos específicos del duelo migratorio.
- Impulsar la creación de una pastoral con migrantes allá donde no exista: reforzando las redes sociales, tanto formales como informales, de las personas migrantes, facilitando espacios de escucha y acompañamiento.
Bibliografía
Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. En Obras completas, Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
González Calvo, V. (2005). El duelo migratorio. Trabajo Social (Universidad Nacional de Colombia), n.º 7, pp. 77-97. Disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/tsocial/article/view/8477
Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying: What the Dying Have to Teach Doctors, Nurses, Clergy and Their Own Families. Nueva York: Macmillan.
Pereira Tercero, R. (2002). Duelo: desde el punto de vista individual al familiar. Sistemas Familiares, 18 (1-2), pp. 48-61.





