Llega la JORNADA POR LA VIDA 2026, que cada 25 de marzo,
solemnidad de la Anunciación del Señor, nos convoca para sensibilizar
sobre el derecho a la vida y su defensa y promoción en todas las personas,
en todas las etapas biográficas y en todos los contextos y circunstancias.
Con tal motivo, el próximo martes 24 de marzo a las 20:00 horas
tendrá lugar en A Coruña (Auditorio Afundación, Cantón Grande 8) un
conversatorio con Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de
Mondoñedo-Ferrol y responsable de migraciones de la Conferencia
Episcopal, y con Mons. Santiago Agrelo Martínez, arzobispo emérito de
Tánger, bajo el título La dignidad no tiene fronteras. El evento está
organizado por la Delegación de Pastoral Familiar y la Delegación para el
Servicio al Desarrollo Humano Integral de nuestra archidiócesis
compostelana.
Conviene no olvidar lo que escribió el Papa Francisco en el núm. 101
de su exhortación apostólica GAUDETE ET EXSULTATE: “La defensa del
inocente que no ha nacido debe ser clara, firme y apasionada, porque allí
está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el
amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada
es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el
abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta
en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de
esclavitud, y en toda forma de descarte. No podemos plantearnos un ideal
de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan,
gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al
mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y
se acaba miserablemente”.
Y continúa diciendo en el núm. 102: “Suele escucharse que, frente al
relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la
situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es
un tema secundario al lado de los temas serios de la bioética. Que diga
algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero
no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos
de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos.
¿Podemos reconocer que es precisamente eso lo que nos reclama
Jesucristo cuando nos dice que a él mismo lo recibimos en cada forastero
(cf. Mt 25,35)?”.
Ojalá llenemos el auditorio de ABANCA en A Coruña (la entrada es
libre hasta completar aforo). Sería un bonito gesto en memoria del Papa
Francisco.





