Hace unos días explicábamos el concepto de duelo migratorio. Lo definíamos entonces como un proceso de reestructuración vital en el que una persona migrante integra lo dejado atrás y lo conseguido en la migración reforzando la sensación de control sobre su destino.
Dedicarnos de nuevo al tema del duelo migratorio supone insistir en la dimensión personal aun a sabiendas de que el asunto tiene una dimensión estructural y política determinante. No es una decisión ingenua. Atender a lo personal es un principio. A veces nos dejamos llevar por lógicas ajenas al evangelio que nos impiden ver, de cerca, la dignidad de cada persona.
Hoy proponemos precisamente un acercamiento a las características del duelo migratorio a través de la lectura de un poema emblemático de la literatura gallega: Adiós ríos, adiós fontes, de Rosalía de Castro, publicado en 1863. La motivación para utilizarlo es doble: por una parte expresa perfectamente el duelo de un emigrante, y por otra sirve para recordarnos, con la humildad y dignidad de los gallegos, que también fuimos un pueblo emigrante, lo que nos sensibiliza para conmovernos con las historias más personales de los inmigrantes que recibimos hoy día.
Las características del duelo migratorio
Es un duelo parcial (no total)
A diferencia del duelo por fallecimiento, el «objeto» perdido (el país de origen) no desaparece, sigue existiendo y es posible mantener contacto o incluso regresar. Es más un duelo por separación que por desaparición.
Es un duelo recurrente
Precisamente por ser parcial, el duelo se reactiva constantemente ante la posibilidad de viajes, llamadas, noticias del país de origen (hoy día constantes a través de las redes sociales) que reavivan el vínculo. La expresión típica de esta recurrencia son las llamadas «fantasías de retorno».
Es un duelo múltiple
Se pierden simultáneamente varias dimensiones. Entre otras:
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- Familia y seres queridos
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- Lengua
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- Cultura
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- Tierra (la vista, el paisaje, el clima, la luminosidad)
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- Estatus social
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- Contacto con el grupo de pertenencia/étnico
Una posible lectura del poema
El yo poético es un emigrante a punto de empezar un proceso migratorio que no desea (quen puidera non deixar). Se despide de la vista, del paisaje, de los animales… También de aquello que ha cuidado y trabajado, su huerta y sus frutales, su casa… Hay algo de él en todas esas cosas. Deja una parte de sí mismo atrás. Expresa también desasosiego sobre la posibilidad de un reencuentro (non sei cándo nos veremos), lo que anticipa una fantasía /expectativa de retorno.
El emigrante se sitúa ante la inmensidad: frente a la casa y la aldea, el mundo y el mar aparecen inmensos y desconocidos, amedrentadores. Contrapone lo que deja atrás y lo que le espera, lo conocido frente a lo desconocido (amigos por extraños, a veiga polo mar). Teme la soledad y el olvido, especialmente el de su amada. Cuando ya se encuentra en el puerto en el que embarcará reaparecen las dudas sobre esa totalidad de la pérdida con un quizáis. Reaparece la fantasía/expectativa de retorno.
Dentro del poema hay unos versos que nos interpelan especialmente como iglesia, el emigrante del poema deja efectivamente atrás su iglesia (campaniñas timbradoras da igresiña do lugar), pero… ¿Qué iglesia? La de piedra. Allí donde llega encontrará otra iglesia, siempre su iglesia. Nosotros somos su Iglesia. Nosotros podemos acercarnos y llevar con el su cruz, la cruz. Deja atrás a su familia, pero nuestro deseo es que encuentre en nosotros a sus hermanos ¿Quién es mi familia? Pregunta Jesús a sus discípulos ¿Cuál es mi Iglesia? Podemos preguntarnos nosotros. Si para nosotros nuestra Iglesia es de granito entonces nuestra aspiración es como la del monje que quería ser como el buda de piedra: geológica y no espiritual. No puede ser el caso.
Propuesta de actividad pastoral
La pastoral con migrantes se diferencia, tanto en su estilo como en su motivación, de otras formas de atención a las personas migrantes. Esto no quiere decir que no sea útil y oportuno conocer conceptos clave de las ciencias sociales, como es el caso del duelo migratorio, pero la aproximación pastoral debe ser distinta. Para nosotros lo importante no es manejar el concepto más preciso y conocer las características más completas sino acercarnos al migrante, a su dolor, y hacerlo con amor, reconociendo en él la presencia de Cristo (Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, Mateo 25:35).
Hace unos días destacábamos las oportunidades que ofrecía el desarrollo de una pastoral con migrantes para hacer que el duelo migratorio sea un pasar normal. Decíamos que la pastoral con migrantes puede, sobre todo, reforzar las redes sociales, tanto formales como informales, de las personas migrantes, facilitando espacios de escucha y acompañamiento. También que era importante que los agentes de pastoral y los propios migrantes conozcan los aspectos específicos de este tipo de duelo de forma que sean capaces de reconocer cuando se está avanzando en ese proceso de reestructuración vital y cuando existen riesgos de que el duelo se complique.
Leer en grupo Adiós ríos, adiós fontes, puede ser una bella actividad pastoral porque con ella podemos emocionarnos para ver. Con ella podemos aproximarnos a las pérdidas de una persona que migra en cualquier momento de la historia y reconocer lo universal en las distintas experiencias. En el grupo que conformemos para esta actividad lo ideal es que haya varias personas que hayan vivido directamente la realidad del duelo migratorio, ya sean nacidos fuera de Galicia o ellos o sus familiares cercanos emigrantes gallegos en América o Europa, y que se reconozcan unos a otros y en las imágenes del poema.
Proponemos una dinámica que: (1º) comience con una presentación de los distintos miembros del grupo (en este momento pueden explicar brevemente si han vivido ellos mismos o de forma cercana un proceso migratorio); siga (2º) con una breve explicación del duelo migratorio y sus características; y (3º) proceda a la lectura o escucha del poema. Tras esta se puede (4º) releer estrofa por estrofa buscando las características del duelo en el protagonista del poema. A partir de ahí cada grupo funcionará de una manera.
Esperamos que esta actividad pueda ayudar: (1) a quienes estén inmersos en un proceso de duelo migratorio a reconocer que se encuentran ante un proceso normal y común; también que esto pueda (2) acercar su realidad a una realidad conocida para la población gallega; facilitando lo fundamental (3) la conversión de la mirada hacia la vida de la personas migrantes.





