El Informe Sobre la Desigualdad Mundial, publicado por el World Inequality Lab en colaboración con cientos de economistas y coordinado por Ricardo Gómez-Carrera, Rowaida Moshrif, Lucas Chancel y Thomas Piketty, se basa en la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad y en nuevas investigaciones para ofrecer un panorama completo de la desigualdad en distintos ámbitos: ingresos, riqueza, género, finanzas internacionales, responsabilidad climática, impuestos y políticas.
«La desigualdad ha sido durante mucho tiempo un rasgo distintivo de la economía global, pero en 2025, ha alcanzado niveles que exigen atención urgente». Es la llamada de atención de los responsables del informe que señala, una vez más, como la globalización y el crecimiento económico han beneficiado desproporcionadamente a una pequeña minoría mientras gran parte de la población mundial enfrenta todavía enormes dificultades para lograr medios de vida estables.
Las conclusiones son claras: la desigualdad sigue siendo extrema y persistente; se manifiesta en múltiples dimensiones que se entremezclan y refuerzan mutuamente; y transforma las democracias, fragmentando coaliciones y erosionando el consenso político.
Hay lugar también para el optimismo, estas brechas no son inevitables, son el resultado de decisiones políticas e institucionales. Los datos demuestran que la desigualdad se puede reducir. Políticas como las transferencias redistributivas, la tributación progresiva, la inversión en capital humano y el fortalecimiento de los derechos laborales han marcado la diferencia en muchos contextos.
El mundo es profundamente desigual
El 10% más rico de la población mundial gana más que el 90% restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10% del ingreso global total. La riqueza está aún más concentrada: el 10% más rico posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la mitad más pobre solo posee el 2%.
La realidad es todavía más extrema cuando consideramos que el 0,001% más rico, menos de 60.000 personas multimillonarias, controlan a día de hoy tres veces más riqueza que la mitad de la población mundial combinada.
Esta concentración no solo es persistente, sino que está acelerándose, desde 1990 la riqueza de los multimillonarios ha crecido a un ritmo aproximado de un 8% anual, el doble que la mitad inferior de la población.
Estudio de las nuevas dimensiones de la desigualdad
En conjunto el informe revela que la desigualdad actual no se limita a los ingresos o la riqueza, sino que afecta a todos los ámbitos de la vida económica y social y destaca 5 dimensiones de la desigualdad que definen el siglo XXI:
- El cambio climático: el 10% más rico del mundo representa el 77% de las emisiones globales (asociadas con la propiedad de capital) lo que subraya cómo la crisis climática es inseparable de la concentración de la riqueza.
- La desigualdad de género: si se considera el trabajo doméstico no remunerado, en promedio y a nivel mundial, las mujeres ganan solo el 32% de lo que ganan los hombres por hora de trabajo; en comparación con el 61% cuando no se considera el trabajo doméstico no remunerado.
- El acceso desigual al capital humano: el gasto promedio en educación por niño en África subsahariana se situó en torno a los 200 € (ajustados por paridad de poder adquisitivo –PPA-), en comparación con los 7.400 € en Europa y los 9.000 € en América del Norte y Oceanía: una brecha de más de 1 a 40, es decir, aproximadamente tres veces mayor que la brecha del PIB per cápita.
- Las asimetrías del sistema financiero global: cada año, alrededor del 1% del PIB mundial (aproximadamente tres veces más que el total de la ayuda al desarrollo) fluye de las naciones más pobres a las más ricas a través de transferencias asociadas a la estructura del sistema financiero (entre otros motivos porque los países más ricos consiguen préstamos en mejores condiciones y prestan con mayores intereses).
- Las divisiones territoriales: en muchas democracias avanzadas, las diferencias en las afiliaciones políticas entre los grandes centros metropolitanos y las ciudades más pequeñas y el rural han alcanzado niveles nunca vistos. El problema se agrava por que el acceso desigual a los servicios públicos, las oportunidades laborales y la exposición a las crisis comerciales han fracturado la cohesión social y debilitado las coaliciones electorales necesarias para demandar una reforma redistributiva.
Estas disparidades en las distintas dimensiones configuran las oportunidades vitales entre regiones y generaciones, consolidando una geografía de oportunidades que exacerba y perpetúa las jerarquías globales de riqueza.
Propuestas de futuro
Además de una gran cantidad de datos novedosos, el Informe Sobre la Desigualdad Global 2026 proporciona un marco para comprender la intersección de las desigualdades económicas, ambientales y políticas. Reducir la desigualdad no es solo una cuestión de equidad, también es esencial para la resiliencia de las economías, la estabilidad de las democracias y la conservación del medio ambiente. La comprensión del fenómeno lleva a los economistas responsables de la publicación a demandar una renovada cooperación global para abordar estas brechas desde su raíz: mediante una tributación progresiva, la inversión en capacidades humanas, la rendición de cuentas climática vinculada a la propiedad privada e instituciones políticas inclusivas capaces de reconstruir la confianza y la solidaridad.
Para ver el informe completo:
https://wir2026.wid.world/






